| La literatura infantil en Nicaragua |
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La literatura infantil en Nicaragua y en el mundo en general ha tenido no pocas dificultades en su difusión y desarrollo para ser leída y disfrutada plenamente: primero, porque se consideraba “un género de escasa importancia y hasta vergonzante”, (Bravo: 1972: 9) puesto que se discriminaba a los autores que escribían versos o cuentos para los niños como creadores de categoría inferior y hasta fracasados de la literatura; segundo, porque se consideraba inaceptable establecer cómo un adulto, siendo mayor, pueda escribir acertadamente para los niños y muchas
veces se propongan obras que “pervierte el gusto de los niños”, (Bravo: 9) ya con temas moralizantes y de poco divertimiento y de escasa magia infantil; y tercero, porque son pocos los autores e instituciones dedicados a romper el modelo de los cánones despectivos y de desvalorización de la literatura infantil y su adecuada promoción entre la niñez, los jóvenes y los adultos.
La literatura infantil es toda obra oral y escrita para niños, entre los cuatro y quince años, y se caracteriza por la claridad de los conceptos vertidos en la pieza, la sencillez y no simplicidad de la obra, el interés que pueda despertar en los infantes y la presencia o ausencia de ciertos temas que se correspondan con su edad. La literatura infantil tiene su partida de nacimiento en la llamada literatura oral ─oralitura, la llaman algunos─ y comprende oraciones, canciones, romances, juegos infantiles y juegos de palabras, poesía, rifas, rimas, coplas, parabienes, versos escolares, retahílas, adivinanzas, villancicos, cuentos, leyendas, supersticiones, novelas, teatro, música, etc. La literatura infantil también tuvo en sus inicios mucha relación con la fábula, la pedagogía y la didáctica en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Y muchas de las cosas que se enseñan ahora en la escuela primaria de nuestro país, están vinculadas con los juegos, los cuentos, la poesía, los trabalenguas y las adivinanzas. ¿No es acaso la adivinanza una especie de filosofía infantil en la mente de los niños, cuando buscan una respuesta en los meandros de la imaginación? Además la rica literatura de tradición oral nicaragüense puede servir de acicate para generar hábitos de lectura y la formación cultural en los infantes. Observe el ejemplo: Guindo, guindo, está colgando / miro, miro, está mirando. / Si guindo, guindo se cayera /miro, miro se la comiera. ─El perro y la carne─. El hábito de la lectura y la curiosidad por la ciencia y la literatura, empiezan con la literatura infantil, inculcada desde el hogar a través de los cuentos orales y populares, leyendas, juegos, canciones y demás tradiciones del pueblo. Los niños que se asoman por la ventana para ver el paisaje de la literatura infantil, desarrollarán amplios conocimientos, una personalidad duradera y los valores culturales son los cimientos de sus principios en el desarrollo de su vida. Por eso, es necesario emprender estudios sobre lo que se produce para los niños y difundir las diversas creaciones como parte de la literatura en general en Nicaragua. Aquí, en los conceptos anotados anteriormente, reside la gran utilidad e importancia de la literatura infantil, no sólo como realidad histórica, sino como forma de ponderar y difundir un género que ha permanecido casi en el olvido, puesto que, a pesar de algunas muestras de entusiasmo por las obras dedicadas a los niños, todavía no surgen los grandes creadores y estudiosos de la hermosa y placentera literatura infantil en Nicaragua. Y sin embargo, ya se mueven hogazas de pan entre los niños, que deben ser aprovechadas en beneficio de los infantes. Ya son muchos los escritores nicaragüenses, aunque no como labor esencial, que escriben poemas, canciones y cuentos para los niños. Pronto, deberá recopilarse la historia de la literatura infantil en Nicaragua y una antología de la producción para niños de todos los tiempos que sirvan como verdaderos ejes de la identidad cultural en la educación de los niños de Nicaragua. Es imprescindible e improrrogable darles el lugar que se merecen los niños y su literatura. En este sentido, vale señalar a Ediciones Distribuidora Cultural de Rolando Roque y Fundación Libros para Niños de Eduardo Báez Cruz (q.e.p.d) como dos de las pocas instituciones que publican obras para niños. A finales de septiembre de 2009, hice un breve sondeo con mis alumnos del Año de Estudios Generales (AEG) de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua de León, sobre tres libros o tres cuentos que leyeron en sus seis años de educación primaria. Estos estudiantes realizaron su primaria, aproximadamente, entre los años 1996 y 2006, y proceden de las ciudades de León y Chinandega y sus municipios, algunos de Managua, y dos de las regiones del Caribe nicaragüense. La edad promedio de estos jóvenes, en el momento en que fueron recopilados los datos, oscilaba entre 17 y 20 años. Les pedí que escribieran en una hoja de papel el nombre de tres libros o tres cuentos que leyeron en sus estudios primarios y que todavía recordaban. El resultado de aquella encuesta aparece recogido en la siguiente tabla. . En la casilla de grupo se anotó el número de alumnos que escribió el nombre del cuento. Orden Nombres de los cuentos extranjeros más leídos Grupo 21 (31 alumnos) Grupo 23 29 alumnos) Total 1 Caperucita roja 13 18 31 2 Pinocho 15 16 31 3 Blanca Nieves 12 9 21 4 Los tres cerditos 6 4 10 5 La cenicienta 3 3 6 Orden Nombres de los cuentos nicaragüenses más leídos Grupo 21 Grupo 23 Total 1 Tío coyote y tío conejo 7 1 8 2 Serenito 3 0 3 Obsérvese en la tabla la muestra de un dato contundente de cómo funcionan las obras de literatura infantil en Nicaragua. Debe considerarse que tal resultado se debe a la escasa promoción y publicación de las obras de autores nacionales, (más bien, escasa promoción), pues la literatura infantil en Nicaragua empieza a interesar a muchos escritores nacionales y sus mejores días están por llegar. Sin embargo, las autoridades educativas en todos los niveles, así como directores y profesores deben promover más la lectura de obras de autores nacionales dedicadas a los niños del país. De seguir así esta tendencia, la formación de los niños en Nicaragua asentará sus bases en esquemas psicosociales extranjeros, como ha ocurrido en años anteriores. Y no es que las obras extranjeras no tengan calidad, sino que deben combinarse la lectura de obras nacionales y extranjeras. Y son las obras de autores nacionales las que deben sentar los valores de la nacionalidad y de la identidad del nicaragüense en general. Joselín Salmerón Espinoza, 19 años, estudiante leonesa, me contó esta joya de la literatura oral, que a su vez, la aprendió de su madre, la profesora Francisca Eleyda Sánchez Espinoza: El cacho del rey Éste era un rey que tenía un cacho en su cuerpo y no le gustaba enseñarlo, porque le daba pena, pues nadie sabía que tenía ese cacho en su cuerpo. El cacho era horrible y terriblemente feo. Una vez un niño lo espió cuando se bañaba el soberano. Entonces, el rey se dio cuenta que el niño lo estaba viendo y lo amenazó con matarlo a él y a su familia si contaba en el pueblo lo que había visto. Así que el niño por miedo al rey se quedó callado muy a su pesar. Pero el niño tenía la inquietud, quería desahogarse y contarlo todo a la gente del pueblo. Se fue al campo, abrió un hoyo y dentro del hoyo gritó tres veces: “El rey tiene un cacho”. Luego, cerró con tierra el hoyo, pero con el tiempo, nació una macolla de carrizos hermosos. Un día varios niños hallaron la macolla de carrizos e hicieron pitos con sus ramas. Y cuando pitaban, con el pito decían: “El rey tiene un cacho”. Todo el pueblo se dio cuenta del cacho del rey, quien con mucha pena y vergüenza, se mató. ¡Murió por su cacho. Pedro Alfonso Morales. Tomado del Nuevo Diario, Jueves 22 de Julio de 2010 - Edición 10753 Hits: 764 Comentarios (0)
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